La LOMCE está provocando fuertes
enfrentamientos entre los profesionales de la educación (y, por qué no decirlo,
entre los opinadores profesionales en
general). Parece que esta Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad de la
Educación va a tener un impacto negativo en nuestros jóvenes.
Son muchos los cambios (algunos
son solo matices) con respecto a la Ley Orgánica de la Educación (LOE); algunos
de los más importantes pueden ser las pruebas
de evaluación final en primaria, la plena validez académica a la asignatura de religión (la nota contará para
el expediente al igual que cualquier otra materia) o el hecho de que en 4º de la E.S.O. las asignaturas se
eligen en función de los estudios que se van a continuar: bachillerato o
formación profesional media.
¿Qué consecuencias pueden traer estos cambios?
1)
Pruebas de evaluación final.
Con esta medida,
los alumnos viven obsesionados con sus exámenes y se despreocupan por aprender.
Esto me recuerda a 2º de bachillerato, un curso que se centró básicamente en
analizar cuáles eran las mejores estrategias para sacar la mejor nota en
Selectividad sin importar nuestros verdaderos conocimientos. Creo que con casi
17 años yo era consciente de esta situación, pero dudo si un niño de 8 años
puede llegar al mismo razonamiento. Este curso escolar mismo, los alumnos de 6º
de primaria han tenido que examinarse de una reválida que los ha sometido a una
presión que no creo que sea saludable. Es importantísimo plantearse si el fin
de la educación es el aprendizaje o los resultados de las evaluaciones.
2) Religión.
Trataré este
punto desde mi experiencia. Siempre he ido a clase de religión. He estudiado en
colegio e instituto públicos. En primaria iba a clase de reli porque iban todos los niños. En Secundaria, continué con esta
asignatura optativa porque me gustaba. No se trataba de leer la Biblia, ni de
adoctrinar a los jóvenes. En esta asignatura estudiábamos otras religiones,
historia del arte, ética. Los compañeros que no cursaban esta materia tenían
«Actividades de Estudio». Se reunían en un aula con un profesor que los
vigilaba mientras charlaban y fingían hacer los deberes de otra asignatura.
Cursar la
asignatura de religión (¡bien planteada!) tiene efectos positivos en el
estudiante (pues el saber no ocupa lugar), lo que no quita que se trate de una
asignatura que se puede elegir o no, por lo que su validez académica, en mi
opinión, estaría fuera de lugar.
3) Elección
de asignaturas en 4º de Secundaria.
Un alumno de 4º
de E.S.O. tiene unos quince o dieciséis años. A esta edad, la toma de
decisiones es un proceso complejo y el futuro parece muy lejano. ¿Bachillerato?
¿Cuál? ¿Formación profesional? ¿Qué profesión me gusta? ¿Dejar de estudiar y
ponerme a trabajar? ¿Dónde? Los estudiantes se plantean estas y muchas
preguntas más y, habitualmente, movidos por los consejos de sus padres, optan
por una u otra opción. Pero equivocarse es de humanos y, quien antes de
matricularse en cuarto de la E.S.O. tenía claro su destino puede haber cambiado
de parecer a finales de curso. Estoy completamente a favor de que los
estudiantes elijan las asignaturas que prefieren cursar, pero me resulta
inapropiado que al hacer esto se vayan cerrando puertas. Que escojan
especialidades, pues, que les vayan a ser útiles para cualquier camino que
vayan a seguir más adelante.
Después de este
breve análisis crítico de tres puntos muy concretos de la LOMCE, he de decir
que no todo es malo, como muchas veces nos hacen ver los medios de
comunicación. Un matiz muy positivo es que se incide en la importancia de
utilizar la lengua castellana solo como
apoyo en las asignaturas de lengua extranjera, que van a centrarse en los
aspectos orales. Además, se incluye la opción a cursar una segunda lengua extranjera en primaria.
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