viernes, 23 de septiembre de 2016

Sobre la LOMCE




La LOMCE está provocando fuertes enfrentamientos entre los profesionales de la educación (y, por qué no decirlo, entre los opinadores profesionales en general). Parece que esta Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad de la Educación va a tener un impacto negativo en nuestros jóvenes.
Son muchos los cambios (algunos son solo matices) con respecto a la Ley Orgánica de la Educación (LOE); algunos de los más importantes pueden ser las pruebas de evaluación final en primaria, la plena validez académica a la asignatura de religión (la nota contará para el expediente al igual que cualquier otra materia) o el hecho de que en 4º de la E.S.O. las asignaturas se eligen en función de los estudios que se van a continuar: bachillerato o formación profesional media.
¿Qué consecuencias pueden traer estos cambios?


1)      Pruebas de evaluación final.

Con esta medida, los alumnos viven obsesionados con sus exámenes y se despreocupan por aprender. Esto me recuerda a 2º de bachillerato, un curso que se centró básicamente en analizar cuáles eran las mejores estrategias para sacar la mejor nota en Selectividad sin importar nuestros verdaderos conocimientos. Creo que con casi 17 años yo era consciente de esta situación, pero dudo si un niño de 8 años puede llegar al mismo razonamiento. Este curso escolar mismo, los alumnos de 6º de primaria han tenido que examinarse de una reválida que los ha sometido a una presión que no creo que sea saludable. Es importantísimo plantearse si el fin de la educación es el aprendizaje o los resultados de las evaluaciones.

2)      Religión.

Trataré este punto desde mi experiencia. Siempre he ido a clase de religión. He estudiado en colegio e instituto públicos. En primaria iba a clase de reli porque iban todos los niños. En Secundaria, continué con esta asignatura optativa porque me gustaba. No se trataba de leer la Biblia, ni de adoctrinar a los jóvenes. En esta asignatura estudiábamos otras religiones, historia del arte, ética. Los compañeros que no cursaban esta materia tenían «Actividades de Estudio». Se reunían en un aula con un profesor que los vigilaba mientras charlaban y fingían hacer los deberes de otra asignatura.

Cursar la asignatura de religión (¡bien planteada!) tiene efectos positivos en el estudiante (pues el saber no ocupa lugar), lo que no quita que se trate de una asignatura que se puede elegir o no, por lo que su validez académica, en mi opinión, estaría fuera de lugar.

3)      Elección de asignaturas en 4º de Secundaria.

Un alumno de 4º de E.S.O. tiene unos quince o dieciséis años. A esta edad, la toma de decisiones es un proceso complejo y el futuro parece muy lejano. ¿Bachillerato? ¿Cuál? ¿Formación profesional? ¿Qué profesión me gusta? ¿Dejar de estudiar y ponerme a trabajar? ¿Dónde? Los estudiantes se plantean estas y muchas preguntas más y, habitualmente, movidos por los consejos de sus padres, optan por una u otra opción. Pero equivocarse es de humanos y, quien antes de matricularse en cuarto de la E.S.O. tenía claro su destino puede haber cambiado de parecer a finales de curso. Estoy completamente a favor de que los estudiantes elijan las asignaturas que prefieren cursar, pero me resulta inapropiado que al hacer esto se vayan cerrando puertas. Que escojan especialidades, pues, que les vayan a ser útiles para cualquier camino que vayan a seguir más adelante.


Después de este breve análisis crítico de tres puntos muy concretos de la LOMCE, he de decir que no todo es malo, como muchas veces nos hacen ver los medios de comunicación. Un matiz muy positivo es que se incide en la importancia de utilizar la lengua castellana solo como apoyo en las asignaturas de lengua extranjera, que van a centrarse en los aspectos orales. Además, se incluye la opción a cursar una segunda lengua extranjera en primaria.


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